¿Les gusta a los críticos ser negativos?

Se suele pensar que a los críticos les gusta ser negativos. Al menos es uno de los estereotipos más comunes que se tienen de ellos, los cuales suelen aparecen en libros y películas como despiadados comentaristas que disfrutan arruinándole la fiesta al protagonista.

Es una exageración, por supuesto. Pero, aun así, hay mucha gente que cree que disfrutan particularmente de las malas críticas, quizás porque son incapaces de crear o porque se creen superiores a los artistas cuyo trabajo critican. Y yo creo que merece la pena hablar un poco sobre esta creencia.

Lo primero a tener en cuenta es que los críticos aman el medio al que critican. Nadie dedica su vida y obra a algo que odia y menos por el escaso salario que se gana al escribir. La mayor parte de aquellos que escriben sobre juegos lo hacen porque les gustan los juegos y porque quieren compartir su interés por ellos con otros .

Pero también es completamente cierto que les gustan las críticas negativas. La clave está en que no les gustan porque sean negativas sino porque son críticas y a los críticos les gustan las críticas. Y claro, estas pueden ser tanto positivas como negativas. Uno no puede ser crítico si sólo alaba y elogia y, en el fondo, ni si quiera los más cáusticos de ellos escriben tanta crítica negativa.

Esto no quiere decir que no sea divertido escribir una crítica negativa. Generalmente hablando, se puede decir más sobre un juego que tiene problemas que de uno que no los tiene. Y si te gustan tanto la crítica como los juegos, un juego que fomente el debate es un buen compañero de viaje.

Lo mismo ocurre con grandes juegos llenos de conceptos interesantes. Es divertido descubrir un juego que muestre de verdad de qué es capaz el medio y poder opinar sobre él en detalle. Yo me lo pasé muy bien escribiendo sobre Cosmic Encounter, Netrunner y Nobunaga’s Ambition porque son juegos que me gustan y sobre los que puedo decir muchas cosas interesantes.

De hecho, podría tirarme años hablando de juegos como Vampire: The Eternal Struggle que son muy buenos pero que también tienen muchos problemas. Piénsalo. ¿Un juego de cartas multijugador del creador de Magic, Richard Garfield? Eso ya da para escribir un artículo interesante, pero si le añadimos la posibilidad de hablar de mecánicas, equilibrio y diseño gráfico el resultado será mucho mejor.

Por otra parte, hay un tipo de juegos que los críticos odian y son los juegos del montón. Ya sabes a cuáles me refiero, ¿ése tipo de juegos que no es que estén mal pero que tampoco destacan por nada? Los críticos odian escribir sobre ellos ¡Simplemente es que no saben qué decir! Muchas veces acabamos mirando la pantalla, pensando en cómo llegar a las seiscientas o setecientas palabras de rigor sin repetir lo mismo una y otra vez.

¡Y lo peor es que son el tipo de juego más común! Si compras una docena de juegos al azar, la mayoría no van a ser ni muy malos ni muy buenos sino simplemente aburridos.

¿Pero qué pasa con esos críticos que sí son crueles y despiadados? Bueno, lo más probable es que realmente no lo sean tanto. Cuando nos cruzamos con un escritor nuevo, no solemos tener en cuenta otros artículos que hayan escrito sino tan sólo el que hemos visto. Y si es un juego que nos gusta o al que le tenemos especial cariño, puede que pensemos que el crítico sea más duro de lo que realmente es.

Cuando se piensa en críticos de juegos más duros o difíciles de lo normal también se suele pensar en personas como Jim Sterling o Ben «Yathzee» Crosshaw que combinan crítica con comedia. Y aunque es entendible, hay que tener en cuenta que a veces exagerarán por una broma o para ilustrar mejor un ejemplo. No hay tomarse sus comentarios a pecho, sino entenderlos.

Al fin y al cabo, la crítica no se trata de tener razón. El objetivo de ésta no es sino ayudar al lector a llegar a sus propias conclusiones ofreciéndole la opinión de un experto o uno de sus análisis. Los críticos no quieren estar de acuerdo, sino ayudar a los demás y es esta motivación la que les impulsa, no la superioridad ni el desprecio.

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