Chicago Express ★★★★

Chicago Express cover

Chicago Express es un juego de alianzas. Pero no son el tipo de alianzas que surgen en una negociación, sino del tipo que surgen de forma natural cuando dos o más personas tienen los mismos intereses.

Ambientado en los años de mayor expansión ferroviaria en los Apalaches, Chicago Express es un desafiante juego de inversiones ferroviarias. Ingenioso y ágil, lo sencillo de sus reglas ocultan una enorme profundad estratégica y una tensión que muchas veces falta en éste tipo de juegos.

Tras una breve subasta inicial, los jugadores comienzan a comprar las acciones y expandir las rutas de los cuatro ferrocarriles del juego. Para ello avanzan una serie de diales que les permite realizar cada acción.

El primero construye vías y permite a las compañías cruzar alcanzar ciudades y centros industriales. El segundo desarrolla la infraestructura de una casilla, aumentando su valor y el tercero, y más importante de todos, saca a subasta acciones de las compañías. Cuando dos de estos diales llegan al máximo, los ferrocarriles pagan dividendos y los jugadores reciben más capital.

Es una mecánica muy sencilla, pero que ofrece un amplio rango de posibilidades. Por ejemplo, se puede construir para aumentar los beneficios de una compañía, pero también para bloquear a otras o desperdiciar su capital. Las subastas se pueden usar tanto ofensiva como defensivamente, creando nuevas alianzas o aguando una ya existente a base de invitar a otros.

La verdad es que es divertido intentar posicionarse de tal forma que hagan lo que hagan tus rivales, te beneficie. No es un tipo de interacción que veamos a menudo en los juegos de mesa, es muy indirecta y sutil. Y aunque el juego no tiene azar, las partidas son muy diferentes de una a otra pues el más detalle es capaz de cambiar la partida radicalmente. Es un juego verdaderamente opaco.

Pero lo realmente bueno de Chicago Express es que toda esta estrategia y profundidad está acompañada por una misma dosis de emoción. No es un juego seco, aburrido en el que se optimice cada movimiento. Al contrario, es más pasional. ¿Deberías aceptar al jugador de tu derecha como aliado? Si el ferrocarril de Pennsylvania se desploma, ¿serás el beneficiado? ¿Cuánto puedes subir la puja de una acción que no te quieres llevar?

Esta emoción se consigue mediante una serie de elementos explosivos. Si una compañía consigue cruzar todo el mapa y llegar a Chicago, se dispara un dividendo especial sólo para los inversores de esa compañía. Así que existe un gran incentivo para llegar hasta allí o, mejor dicho, para evitar que otros lo hagan.

Además, si una compañía consigue llegar a Chicago se produce la venta de la Wabash. La Wabash es una compañía que no está disponible al comienzo de la partida. Aparece únicamente cuando alguien llega a Chicago y se pone a la venta en ese mismo instante. Y está a tan sólo 3 casillas de dicha ciudad, lo que hace facilísimo disparar su propio dividendo especial. La tentación es muy grande pero también lo son los riesgos.

Pero quizás la parte más emocionante de Chicago Express es cómo acaba la partida. No se juega a un determinado número de turnos, sino que los jugadores pueden controlar, con sus acciones, cuando termina. Puedes tener las mejores acciones del juego y perder porque nunca llegaron a darte dividendos.

Se puede decir tanto de Chicago Express que a veces me sorprende de lo sencillo que es en la práctica. No tiene nada que envidiar a otros juegos más pesados y eso que tan sólo dura una hora. Es este hecho unido a la alta calidad de la edición de Queen Games que ha permitido que sea de mis juegos más jugados y uno de los favoritos de mi colección.

CHICAGO EXPRESS (2007)
DISEÑO Harry Wu
ILUSTRACIÓN Michael Menzel
NÚMERO DE JUGADORES
3-5 (Mejor con 3-4) DURACIÓN 60 Minutos

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