El Ajedrez ★★★★★

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Es un poco difícil hablar del ajedrez, al menos críticamente hablando. Es considerado como el mejor juego de todos los tiempos por el público general, que apenas juega a otros juegos y no cree que tengan mucha validez artística, al mismo tiempo que los que sí lo hacen y sí los consideran válidos artísticamente apenas le prestan atención. Pero el ajedrez…el ajedrez es un juego como cualquier otro y no se beneficia ni del obscurantismo ni de la alabanza ciega. No debería darse por hecho, sino debatido, contextualizado y comparado. ¿Cómo funciona? ¿En qué se diferencia de otros juegos de estrategia? ¿Por qué es buen juego?

El ajedrez es un juego de principios. Por su propia naturaleza, el número posible de movimientos es tan elevado que planificar más allá de uno o dos turnos es imposible, lo que obliga a los jugadores a depender de generalizaciones estratégicas para avanzar en la partida. Controlar el centro del tablero, desplegar el máximo número de piezas posibles y mantenerlas móviles no asegura la victoria, pero puede asegurar una partida favorable.

Pero no es fácil. El cálculo puro produce resultados indiscutibles, pero los principios han de ser interpretados. ¿Qué es más importante? ¿Una mejor posición en la mesa o mantener la ventaja numérica? ¿Controlar el centro o amenazar con la captura de la reina? No existe una respuesta definitiva y según se va explorando el juego, los principios se vuelven más complejos y difíciles. La estrategia básica da paso al miedo a sobrextenderse, la necesidad de continuar un asalto más allá de uno o dos movimientos y se empieza a ver, con dolor, que los peones se bloquean los unos a los otros al capturar. Todo se vuelve más y más abstracto, acabando con un análisis no sólo de las pequeñas piezas que habitan el tablero sino de ideas y filosofías y las infinitas posibilidades del juego.

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Pero esas pequeñas piezas no pueden ser ignoradas. No importa lo profundo o lo sagaz del análisis, es imposible que la inducción lleve, por sí sóla, a la victoria. Con tanto movimiento posible, siempre existe lugar para la duda y la posibilidad de que una corazonada destruya la torre de marfil en la que se ha encaramado el oponente. Es fácil ponerse a pensar en principios y teorías y no darse cuenta de que el alfil puede liderar un asalto y acabar con el rey antes de que la “ventaja de material” o “el desarollo de la mesa” importen. El ajedrez puede no ser tan profundamente psicológico como el póker, Cosmic Encounter, o Netrunner pero tiene una pequeña chispa que le hace apasionante justo dónde otros juegos se vuelven secos y repetitivos.

Estamos tan acostumbrados que puede que no nos demos cuenta, pero el ajedrez es un juego muy moderno en ciertos aspectos. En vez de luchar a muerte o hasta la asfixia como en tantos otros abstractos, la condición de victoria es la captura de una única pieza indefensa ¡Esto es muy importante! Es lo que permite que existan tantas jugadas y la amenaza contínua de que la partida acabe aquí y ahora hace que el juego sea más divertido y tenso. ¿Y las piezas? Son todas un poco extrañas; el alfil mueve en diagonal, a pesar de que el tablero tiende al movimiento vertical. El caballo puede mover a través de otras piezas, pero al hacerlo va cambiando de cuadrado blanco a cuadrado negro. Los peones son la pieza más común y dispensable pero es difícil que se eliminen los unos a los otros. El ajedrez tiene muchos factores extraños o curiosos que lo hacen mucho más emocionante de lo que parece.

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Quizás el mayor logro del ajedrez sea justamente ése: Que se beneficia de siglos de revisiones sin dejar de ser emocionante y divertido. Al revés, siempre acaba enmarañándose y poniendo las cosas difíciles a los jugadores.

Las piezas más “raras” son las que se mueven primero, en parte porque son las más adecuadas para sortear las tortuosas situaciones del juego y en parte para que vayan liberando espacio para que las poderosas torres puedan moverse a su antojo. Al final de la partida, cuando sólo quedan un puñado de piezas en pie, el propio rey ha de participar en la batalla y ayudar a la captura del enemigo. Las transiciones del juego son tan suaves como para ser imperceptibles como consecuencia natural del propio funcionamiento de éste.

El ajedrez hila a puntadas gruesas. Las piezas o están en una casilla o en otra, sin existir punto intermedio y las diferencias entre ellas son, casi siempre, enormes. Esto hace que cada movimiento sea difícil y pesado, y fuerza a los jugadores a comprometerse. No hay movimientos a medias tintas en el ajedrez, sólo fallos, y los juegos de éste tipo son muy difíciles de equilibrar. Los juegos con subastas, o en los que se puedan hacer tratos, o incluso ambos, como Los mercaderes de Génova, se equilibran sólos. Pero el ajedrez no. Todo lo que tiene para mantener a los jugadores a raya es la limitación de mover sólo una pieza por turno y que están colocadas de forma que se bloquean las unas a las otros. Y aún así, el resultado es bueno.

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Por supuesto, hay quien dice que el ajedrez tiene serios fallos. A lo largo de los años, se han propuesto dozenas de variantes y arreglos varios, desde extrañísimas piezas adicionales a comienzos aleatorizados, jugadores extra o cambiar los escaques a hexágonos. El principal motivo por el que se creó Arimaa, un juego bueno por méritos propios, fue el de crear algo similar que supusiera un mayor quebradero de cabeza para los ordenadores que el ajedrez y David Sirlin (Yomi, Puzzle Strike) diseñó una variante asimétrica con un sistema de piedra-papel-tijera inspirado en los juegos de lucha porque, en su opinión, así se añade profundidad estratégica. En Boardgamegeek, donde el ajedrez lucha por el 353º puesto del ránking, los jugones de pro se quejan de las estrategias de apertura y consideran el juego como “seco” y “sobreestudiado”.

Personalmente, creo que es una tontería. El ajedrez está bien como es. La gran mayoría de juegos, con o sin azar inicial tienen estrategias de apertura y la existencia de los grandes maestros de ajedrez no hacen que disfrute menos del ajedrez, igual que los speedrunners no hacen que Mega Man sea más aburrido. Con estándares así, prácticamente ningún juego sería considerado bueno y de serlos no serían ni Agricola, ni Street Fighter ni ningún otro clásico geek.

Lo mismo se puede decir de los laureados del ajedrez. Ni jugarlo te hará más listo ni es el juego que reina sobre todos los demás juegos. No hace falta que sea una asignatura obligatoria en la escuela, ni dependió la Guerra Fría de sus piezas. Es sólo un juego. Un juego muy bueno, fantástico, pero ni más ni menos válido que cualquier otro.

EL AJEDREZ (S.XV)
DISEÑO Tradicional
NÚMERO DE JUGADORES
2 DURACIÓN 30-60 minutos

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