Pipeline ★★★

No creía que Pipeline me fuera a gustar. Mezclar elementos económicos con la estructura de un euro barroco siempre me ha parecido un compromiso. Pero refinar petróleo es una temática atrayente y sus desafíos acabaron por convencerme.

PROCESAMIENTO

Pipeline es un juego muy sencillo. Cada turno sólo puedes hacer una acción, dos si pagas 10$ adicionales. Puedes comprar petróleo, maquinaria, las tuberías necesarias para procesar el crudo o los tanques para almacenarlo. Después de un cierto número de turnos, se suman un par de bonos y, quien tenga más dinero, gana.

El crudo se refina construyendo tuberías de una cierta longitud. Pero como vienen en losetas enmarañadas y en tres colores diferentes, es difícil conseguir las piezas adecuadas para procesar cada tipo de petróleo. Tienes que estrujarte el cerebro para conseguir un desarrollo óptimo, pues la ineficiencia se castiga con severidad.

No me agrada este mecanismo. No es un elemento que genere decisiones. Al contrario, es un ejercicio de cálculo. Tienes que mirar detenidamente todas las tuberías, visualizarlas mentalmente y luego optimizar el mejor recorrido posible. Y una vez hayas terminado, lo tienes que volver a hacer, no vayan a quitarte una de las piezas.

No soy un jugador lento. Años de juego competitivo me han hecho jugar mucho más rápido que la media. Pero no puedo jugar rápido a Pipeline. Es demasiado importante visualizar y planear el desarrollo de tus tuberías. Frecuentemente, paso el turno, no porque haya tomado una decisión, sino porque la convención social no me permite tirarme 15 o 20 minutos mirando el tablero.

Tengo la impresión de que la habilidad del jugador con la visualización espacial será determinante en su disfrute. Si se te da bien, encontrarás rápidamente las piezas que necesitas y podrás preocuparte de las partes del juego más estratégicamente interesantes. Pero si eres de los que necesita dar vueltas a las fichas para ver cómo encajan, no sólo el juego se te hará eterno, es que no vas a ganar nunca y probablemente ni llegues a disfrutarlo.

DIVISOR

Sin embargo, sería un error desestimar el mecanismo por completo. Pipeline es un juego bien diseñado y las tuberías tienen implicaciones estratégicas. Existe un cierto equilibrio entre las necesidades inmediatas y el largo plazo. Y hay una parte bastante interesante que son las “máquinas”

Las máquinas son pequeñas fichas que automáticamente hacen funcionar todas las tuberías a las que están conectadas. Dicho de otra forma, duplican o triplican el número de acciones de las que dispone un jugador y permiten producir cantidades absurdas de dinero si las tuberías lo permiten. Recompensan una red optimizada y decepcionarán a todo aquél que no tenga una. Intentar crear un entramado perfecto con dos o tres máquinas funcionando es lo que me hace querer jugar a Pipeline.

Aun así, no puedo evitar pensar que es la peor parte del juego. Me gusta Pipeline. Quizás no lo suficiente como para comprarlo, pero sí lo suficiente como para echar una partida. Pero, comparado con juegos económicos como Brass, se queda corto. Tiene facetas buenas, pero su mecanismo principal, lo que lo diferencia, es también la más pobre.

La falta de interacción entre jugadores y la constante demanda de ser eficiente también limita lo que Pipeline puede conseguir. Me gustan los préstamos, las escasísimas acciones disponibles y cómo el juego se va abriendo según aprendes a jugar. Elementos como los contratos, que al principio no parecen importantes, acaban siendo vitales. Pero para acceder a ellos primero se tiene que pasar por un aburrido ejercicio de cálculo.

ARTE

El gran acabado del juego ayuda a vender una temática tradicionalmente seca. No es fácil hacer que este tipo de juegos, tan técnicos y enrevesados sean legibles en el tablero. Muchos juegos lo intentan, y fracasan espectacularmente. Que Pipeline sea bonito es todo un logro, si alguna vez se reedita el Time Agent de Tom Lehman, espero que Ian O’Toole esté involucrado.

En conjunto, me siento con ganas de jugar a Pipeline, pero sé que no durarán. Quiero solucionar el rompecabezas, aprender los pasos necesarios para desarrolar mis tuberías y crar una refinería completamente automatizada. Pero también sé que, cuando lo haga, al juego no le quedará nada más que ofrecerme.

PIPELINE (2019)
DISEÑO Ryan Courtney
ILUSTRACIONES Ian O’Toole
NÚMERO DE JUGADORES
2-4 (Mejor con 3-4) DURACIÓN 75-100 Minutes

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