Toda buena baraja parte de unos buenos cimientos. Por muy buena que sean nuestros ideas, si no tenemos suficiente economía o demasiados hielos nuestra baraja está condenada al fracaso.
En este artículo explicaré como construir barajas de Corporación sólidas, funcionales, que se puedan usar de base y pulir posteriormente.
Los beat’em ups tienen reputación de ser juegos para tontos. Lo de ir por la calle pegándose con hordas de enemigos casi idénticos se ha vuelto sinónimo de aburrimiento, por mucho que se apreciara hace dos décadas. Y mi opinión, como la de la mayoría, no difería demasiado. El género me parecía aburrido y estéril, consistente en poco más que en pegar a los enemigos más fuerte de lo que te pegaban a ti.
Pero cuando me puse a jugar a Final Fight y tomé por primera vez las calles de una ficticia Metro City, me di cuenta de que no era así. No importaba lo fuerte que fuesen mis puñetazos. Lo que importaba era quién los recibía.
Hace falta buen pulso para construir un hospital. Limitados tanto por el espacio como por el escaso presupuesto inicial hay que crecer poco a poco, comenzando por tratamientos sencillos como el síndrome de Elvis o la invisibilidad, y asegurarse una posición estable antes de que nuestros médicos se vean sobrepasados por emergencias que no pueden tratar.
Pero los terremotos, las epidemias y las inspecciones de sanidad no lo van a poner fácil, y es verdad que aquél incidente con la máquina de autoautopsia no ayuda a mantener una buena reputación. Pero, pase lo que pase, no podemos olvidar la razón por la que construimos éste hospital: Sacar mucha, muchísima pasta.