Brass Lancashire vs Brass Birmingham

En 2019 Roxley no sólo publico Brass Birmingham, sino que también publicó el original bajo el nombre de Brass Lancashire. Esto fue una gran noticia para los aficionados a los juegos económicos, pues el clásico de Wallace está muy bien valorado. Pero también plantea una pregunta: ¿Cuál es mejor y por qué?

DOS ERAS

Once años separan la publicación de Lancashire y Birmingham. Tiempo suficiente como para que la cultura reinante del diseño de juegos de mesa cambie. A medida que los aficionados iban adquiriendo conocimientos, la elegancia fue dejando de ser tan importante. Los juegos sencillos, pero profundos, como el Samurai de Knizia, dieron paso a títulos más pesados como Tzolk’in y Kanban.

Lancashire tiene la firmeza de los eurogames antiguos. Siempre tengo la sensación de que hay espacio para un jugador menos de los que hay. La competencia es fuerte, hasta el punto de poder perder porque nos quiten un espacio clave. Por otra parte, también me he visto sin movimientos útiles al final de la partida.

Como la mayoría de títulos recientes, Birmingham nos da más opciones. Si bien perder el acceso a un espacio clave se nota, esto sólo se traduce en una pérdida de eficiencia, no en una pérdida completa de acciones. Esto crea partidas más amigables en las que es difícil quedarse fuera. Es más fácil encontrar salidas con un mayor número de industrias. Esto también abre el abanico de estrategias viables, dando variedad al juego.

Estas diferencias dan una sensación diferente a cada juego. Lancashire es más competitivo y se centra en un reducido número de detalles. Disponemos de pocos tipos de industria y el tablero obliga a los jugadores a cooperar. Utilizar los puertos y el hierro de los demás puede ser mejor que utilizar el propio. Lo difícil no es saber qué estrategia seguir sino llevarla a cabo.

Birmingham fluye con más facilidad. Si bien sigue siendo competitivo, se centra más en crear oportunidades rentables. El dinero es más abundante y los espacios del tablero mucho más flexibles. Idealmente, usaremos recursos ajenos o propios dependiendo de las oportunidades que nos den nuestros oponentes. Las cartas castigan menos, pero es más difícil formular una estrategia ganadora.

DESARROLLO

Martin Wallace es uno de mis diseñadores favoritos, pero el desarrollo no es su punto fuerte. Muchos de sus juegos sufren de un acabado imperfecto. El tosco sistema de robo de Liberté y el “Martillo de Halifax”, la estrategia imbatible de A Few Acres of Snow, son ejemplo de ello. Lancashire peca de este defecto y de forma más evidente que Birmingham.

El juego original tiene un par de mecanismos cuestionables. El azar del mercado de algodón, la debilidad de los comodines y las limitaciones a la hora de pedir préstamos son un buen ejemplo de ello. Pero el principal problema del juego es su espacio estratégico. Hay muchas menos opciones viables de lo que parece.

Los ferrocarriles de Brass Lancashire son extremadamente potentes. Tanto, que la segunda era se ve dominada por ellos. Combinar puertos y algodón no suele ser una estrategia ganadora y sus fichas de nivel I son prácticamente una trampa para novatos. El juego se centra casi exclusivamente en aprovecharse de los movimientos de los demás.

Roxley revisó un poco el juego para la segunda edición. Quitaron el “enlace virtual” de Birkenhead, en parte por ser muy confuso y en parte porque no se utilizaba casi nunca. También hicieron que el nivel I de algodón fuera algo mejor. Aun así, me gusta mucho la presión de Lancashire, pero no sus limitaciones.

Birmingham supera al original en todos estos aspectos. El mercado es reemplazado por fichas que añaden variedad sin factores aleatorios. El dinero en mano ya no cuenta a la hora de puntuar, lo que permite pedir préstamos en cualquier momento de la partida. Los comodines están mejor implementados y el juego mantiene su competitividad sin ser tan restrictivo.

Los ferrocarriles ahora consumen cerveza, un recurso muy escaso. Las industrias favorecen partidas más abiertas y existen más estrategias viables, desde centrarse en algodoneras hasta un juego más cooperativo centrado en el hierro y la cerveza. Aun así, la tensión se mantiene, pues hay industrias que son más rentables que otras. Dependemos menos de nuestros oponentes, pero es difícil quedarse encerrado o sin movimientos.

ESCENARIOS

Como se puede entrever, me gusta más Birmingham que Lancashire. Si bien respeto la firmeza del original, me divierto más con su secuela. Creo que crear una estrategia e ir cambiando de una industria a otra es más interesante que las pugnas por una casilla.

También valoro que Birmingham sea más suave. Sigue siendo posible ganar por margen, pero no aplastar a nuestros oponentes. Darse cuenta de que estamos bloqueados no es divertido, por mucho que fomente el prestar atención a tus cartas. Lo mismo ocurre con los préstamos, que pueden desaparecer en un momento crítico si no nos damos cuenta.

Aun así, no creo que ambos títulos compitan tanto entre ellos. Para mí son más bien escenarios diferentes de un mismo juego. Tienen prioridades diferentes, pero usan el mismo sistema y exigen el mismo tipo de habilidades. Es poco probable que nos guste uno pero no el otro.

Al fin y al cabo, no dejan de ser grandes juegos. Dependiendo de nuestro gusto, puede que prefiramos uno u otro. Yo prefiero explorar estrategias y valorar posibilidades a jugar de forma cuidadosa, así que es normal que me guste Birmingham. La dominancia ferroviaria de Lancashire y sus defectos de desarrollo evitan que sea mi favorito.

Aun así, entiendo que haya a quien le guste más el original. Pese a sus fallos, es una experiencia más tensa. Cuando lo juego, noto que me fijo más en lo que hacen mis oponentes y controlo más mis finanzas. En el fondo, pienso que tenemos suerte de poder jugar ambos y de poder elegir según nuestras preferencias.

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