Horseless Carriage ★★★ | Crítica

Splotter, el dúo creador de Food Chain Magnate, no es demasiado prolífico, pero su trayectoria siempre justifica echarles una mirada. Horseless Carriage, su último diseño, brinda otro giro de tuerca a los juegos de mesa económicos al centrarse en el espacio en vez del vil metal. Según ampliamos nuestra fábrica e intentamos satisfacer las exigencias de los primeros conductos de automóviles, competiremos, calcularemos y, quizás, también echemos en falta la sátira e interacción que tanto caracterizaba a sus otros títulos.

FÁBRICA DE PUZLES

Si bien el objetivo en Horseless Carriage es vender coches y sus precios se miden en dólares, nuestra principal preocupación no es el dinero, sino el espacio. Todo lo que necesitamos, desde las cadenas de montaje a los equipos de investigación, ocupa espacio en nuestro tablero personal. La piezas son gratis. Tanto, que podemos coger tantas como queramos. Pero el espacio es el que es. Y, una vez lo ocupemos, no podremos vaciarlo de nuevo.

Este puzle estilo Tetris es bastante común en los eurogames actuales. Pero no por ello su implementación es menos interesante. Para fabricar coches, tenemos que unir todas las piezas entre sí y también con el concesionario que hará la venta. Afortunadamente, no hace falta arrejuntarlas. Podemos colocarlas una detrás de otra, como si las conectara una cinta transportadora. El resultado es una pulcra cadena de montaje y un importante ahorro de espacio.

No siempre es fácil. Existen cuatro tipos de piezas distintas y cada una se conecta por un lado distinto. Si necesitamos enchufar un cachivache tipo A, pero el único hueco disponible es del C, lo tendremos muy crudo. Como en anteriores juegos de Splotter, esto es más difícil de explicar que de entender, aunque combinar tantos factores tenga su miguilla.

Cada pieza puede contribuir a varias líneas de producción. Por tanto, y si lo hacemos bien, nuestros modelos podrán compartir componentes. Esta es la única forma de cuadrarlo todo, sin duda el aspecto más interesante del puzle. Tanto es así, que más nos vale estrujar bien las neuronas si queremos planificar a largo plazo. Sin embargo, hay un detalle que me preocupa. Las piezas no cambian de partida a partida y, como todas tienen forma rectangular, las soluciones acaban siendo las mismas.

LA COLA QUE MUEVE AL PERRO

Construir no lo es todo. Si bien el espacio importa, resulta improbable que la diferencia llegue a ser decisiva. Lo que realmente importa es la investigación. Gracias a ella, podemos acceder a nuevos tipos de piezas. Y cuantas más tengamos para elegir, más fácil será todo lo demás. En Horseless Carriage, es la cola la que mueve al perro. Investigar es un aspecto menor que nos ocupará poquísimo tiempo pero que determina la partida.

Como todo, los departamentos de investigación ocupan espacio en nuestra fábrica. Por cada uno que hayamos colocado, podremos subir en los indicadores de una categoría distinta, como puede ser el diseño o la fiabilidad. Cierto es que las piezas no tienen habilidades distintas, una capa de pintura hace lo mismo que un salpicadero, pero poder elegir os otorga una mayor flexibilidad. De hecho, con la suficiente investigación, las piezas aportan a dos o más categorías, lo que simplifica el montaje.

Horseless Carriage es de los Splotter menos interactivos. Es comparable con Castillos de Borgoña, que apenas sobrepasa la línea del solitario multijugador. Pese a ello, podemos competir un poco. Investigar también afecta al mercado .Cada turno, añadiremos una carta de demanda al tablero. Después, lanzaremos una red de márquetin sobre él y absorberemos la demanda del tablero. Acumular departamentos de publicidad extenderá nuestro rango de captación, ayudándonos a conseguir más clientes.

También podremos adelantar a la competencia invirtiendo en tres tipos de coches distintos. Sin embargo, quizás sea mejor invertir en cambiar el orden de turno. Añadiendo los departamentos apropiados podremos inclinar la balanza a nuestro favor. Como reclamo, quien quiera que vaya primero podrá plagiar todas las tecnologías de las que disponga cualquier otro jugador.

Es una lástima que estos elementos menores tengan tantísimo peso. Por sí mismos no forman un juego interesante, su rol es claramente secundario. El núcleo de Horseless Carriage sigue siendo la fábrica, aunque no nos haga ganar. Al centrarnos en otros detalles la estrategia se distancia de nuestras acciones y las quita credibilidad.

ALTERNATIVAS A LA CONDUCCIÓN

Horseless Carriage no es, de ningún modo, un juego malo. Es entretenido y uno acaba absorto en el tablero. Pero no es tan interesante como pueden ser Roads & Boats o Food Chain Magnate. Mientras escribo esta crítica, mi copia descansa a la espera de que me deshaga de ella o la revenda. Me gustó, sí, pero no tanto para quedármela.

Sobre todo, echo en menos la sátira de sus predecesores. Incluir a Beth Benz en vez de su marido por convertir un prototipo en producto exitoso me parece una gran elección. Y el hecho de que ponerle bocina a los coches bocina aumente su velocidad también me hace muchísima gracia. Pero no veo más que estos dos detalles. Al final, Horseless Carriage se me antoja frío y abstracto. Tiene poco que decir sobre su propia ambientación y no lo compensa con la calidad de sus mecánicas.

Sí que hay un aspecto en el que Horseless Carriage supera a sus antecesores y es en la cantidad de cartón. En su caja tamaño Chicago Express vienen más de una docena de troqueles así como incontables cubitos, coches y cartas. Son tantos componentes que no cierra bien la tapa y se me acabó rompiendo una esquina por el peso. A Splotter es un tema que nunca le ha dado reparo. Pero, por primera vez, me veo obligado admitir que es mejor jugar por internet. Buscar una ficha negra, que no gris, ouna flecha morada en vez de azul no me aporta ninguna alegría. Además, así podemos tomarnos todo el tiempo del mundo sin que nuestros oponentes nos echen miradas incómodas.

Cuando escribí sobre Food Chain Magnate me ví obligado a hablar de su precio. 75€ no es moco de pavo, pero la calidad era la suficiente como para hacerme olvidar el agujero de mi bolsillo. Pero Horseless Carriage es 25€ más caro y dista mucho de ser tan bueno. Si bien me alegro de haberlo probado y de poder realizar esta crítica, tampoco os puedo mentir: Me arrepiento de haberlo comprado. Como tantos otros, se encuentra en ese incómodo punto medio en el que se agrada pero no destaca. Al final, no siempre se gana. Ni siquiera cuando te publica Splotter Spellen.

HORSELESS CARRIAGE (2023)
DISEÑO Jeroen Doume
Joris Wiersinga
ILUSTRACIONESJan Lipiński
EDITORIALSplotter SpellenDURACIÓN120 Minutes
NÚMERO DE JUGADORES
3-5 (Mejor con 4-5)PUNTUACIÓN★★★

3 comentarios

  1. Hola, hace muy poco descubrí tu blog y voy leyendo post al azar. Es muy bueno (para mi) que escribas en español, se agradece.
    Te consulto si podrías recomendar algún juego de este estilo para jugadores novatos (intenté jugar al Chocolate Factory y se me complicó bastante), ya que estoy jugando juegos que no son muy complejos en sus reglas y me gustaría jugar algo que tenga más mecánicas.
    Gracias!!

    1. Hola Nicolás, ¡Muchas gracias por tu comentario! Yo siempre he querido poder

      No he jugado al Chocolate Factory, pero parece bastante barroco. Es normal que cueste, sobre todo si no estás acostumbrado a este tipo de juegos o es la primera partida. Dicho esto, no te voy a engañar, muchos de los juegos de los que hablo por aquí son igual de complejos.

      Si buscas juegos económicos sencillos, pero interesantes, te recomiendo dos: Chicago Express y Acquire. Ambos son fáciles de entender, tienen poquísimas reglas y, pese a todo, tienen miga y te hacen pensar de una forma diferente. Ambos se centran en la compra de acciones, que posiblemente sea una mecánica que no hayas probado. A mí me gusta por la iunteracción entre jugadores: Al invertir en empresas, colaboras, atacas o, simplemente, te aprovechas de las acciones de los demás, la clave es saber qué es lo que más te conviene, no echar cálculos. Chicago Express está tirado de precio en Wallapop, Acquire ha sido reeditado hace poco pero no sé si esa edición ha llegado a España.

      Si lo que quieres es un juego de «construir», entonces el tema es distinto. Siempre he recomendado Automobile de Martin Wallace porque es más comedido que Raíles o Brass: Birmingham, pero quizás sea difícil de encontrar.

      1. Hola, Erik:
        Te parecerá una pavada, pero es una alegría enorme que me hayas respondido. Muchas gracias por las recomendaciones, voy a ver como logro traerlas porque soy de Argentina y está complicado hacer importaciones.
        Una vez más, que bueno que te tomes el tiempo de responder y encima con esa dedicación, voy a seguir leyendo tu blog, ya que vi que hablas de videojuegos también.
        Abrazo!

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